Tal vez la autopsia de toda pasión [muerta] determine que los besos solo hay que soñarlos; que la piel solo hay que imaginarla; que las manos solo hay que desearlas.

 

Tal vez el bisturí [afilado como las esquinas de ayer] encuentre el milímetro exacto en que tu corazón dejó de arrugarse al contacto de mis labios, la célula precisa en que tu estómago dejó de encogerse al contacto de mi piel [expuesta como manos hacia arriba].

 

Tal vez el análisis toxicológico sea capaz de discriminar la composición biológica de mi saliva ayer, de mi saliva hoy, y averiguar así por qué dejo de bombear tu sangre al dibujar con mi saliva el mapa de tus sueños en tu espalda.

 

Tal vez se enquistó una palabra;

metástasis del cáncer del olvido.

 

La quimioterapia [salvaje deseo yermo] no funcionó;

la radioterapia se llevó las huellas dactilares de mis dedos que quedaban en tu piel…

 

Eva López Álvarez

 

morgue2

Ginebra [anécdotas…]

 

Cuando un cuerpo muere

                                      – en extrañas circunstancias,

se le practica una autopsia – pensaba Ginebra, ausente.


Se desmonta el mecano del cuerpo;

                                                     vísceras a un lado,

                                                     la sangre [macabro estanque];

                                                     de otro lado la piel, 

                                                                                  rota al filo decidido del acero atroz.


Rebuscan – manos expertas – la pieza que se detuvo.

Estudian – mentes expertas – por qué se detuvo.

Se apuntan las incidencias en un papel muerto que firman – de nuevo – manos expertas.

 

Y un cuerpo que fué hermoso, que se enredó otras manos, en otros pasos,  que se estremeció cuando sentía encoger su estómago   – esclavo de unos ojos -, que luchó contra los minutos que se aferran [impíos] a cada milímetro cúbico de piel… que fué perfecta maquinaria yace sobre una suerte de pila de fregar gigante deshecho de respuestas que llegan tarde.


Cuando una emoción muere 

                                          – en extrañas circunstancias,

no hay bisturí – ni expertas manos –  capaces de diseccionar el cadáver de tu risa;

                                                                                               el occiso de tus besos… – pensaba Ginebra.

 

 

Eva López Álvarez

 

autopsia