Te espero;
desnuda de ayeres.

Con el alma virgen;
el cuerpo olvidado;
la piel…desmemoriada;
las manos sin huella dactilar que las defina.

Te espero…
mis pasos sin retorno;
los ojos tuertos de pasado;
guardado bajo cremallera el cachito de corazón que todavía late.

Te espero…
en cada presencia hueca y yerma;
en cada ausencia preñada de alientos.

Eva López Álvarez

 

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Vaciar el alma.

Con una cucharita de esas tan cóncavas como el dolor; las que exhiben las cubas de las heladerías. Acostumbran a ponerla en un cacharrito con agua; agua que arrastre el color [o el dolor, quién sabe].

Vaciar un trocito del alma que me sabe a chocolate [memoria de junios de infancia]; y bañar la cucharita cóncava que me arrancó un pedacito de ayeres efímeros como el polvo marrón (cacao), en cristalina agua [incolora como el futuro; inodora como el presente; insípida como los relojes].

Vaciar otro pedacito de mi alma; el que se tiñe de rosa [primera fresa que adelanta jirones de un mayo que aún no existe a los días de febrero; helados como las astillas del desprecio]… envoltorio mentiroso a ratos; la dicha más absoluta en esos segundos que pegas a las suelas de tus zapatos para cuando sientas que no puedes caminar porque no hay mas pasos por andar.

Vaciar el cachito de alma sin más color que el blanco inmaculado [como la nube en que acuño mis sueños]; el cachito que sabe a nata y me regala [mágica, todopoderosa memoria] el fotograma en perfecto color de la nata Galupe que remataba las comidas de los sábados cuando niña; cuando mis preocupaciones cabían todas en la mochila del cole …

Vaciar el alma.

Reposar la cucharita, cóncava como el dolor, reposarla en el agua que fue transparente [sucio arcoíris de ayeres entremezclados, hoy].

Eva López Álvarez

vaciar alma

Arden los tiempos
          [están ardiendo; llamarada helada que asola espacios]

La chimenea de los ayeres calcina la memoria intacta
                                    [caja fuerte de palabras como puñales];  
            prende los calendarios que ardieron en noches antiguas
            y deja un puñado de cenizas con olor a infancia quemada.

El fuego que incinera el presente asemeja un secundero 
             que alimenta su prisa de las horas que sueñas lentas.
                                                                 Y no hay nada.
                                                                   No queda nada.
                                                                   No exime a nadie...

La hoguera implacable del futuro roba amaneceres,
                                      cercena esperanzas,
                                              mutila ilusiones,
                                                     condena quimeras...

Así... sin tiempo[s] solo quedamos tu y yo...

                                                              Eva López Álvarez

tiempos ardiendo