Bésame hasta que me duela;

prefiero la herida

[pupa visible; vivo rojo]

al dolor

[presente continuo escrito en negro invisible].

 

Bésame hasta que me extinga,

[maraña inconclusa de huidas].

 

Bésame hasta hacer de mi boca una brújula que mire al norte;

de la boca de mi estómago un nudo que cierre todas las ventanas;

del vértice de mi ombligo sedal de tu deseo,

anclaje para mi huida infinita…

 

Bésame hasta que en el calendario sea primavera,

hasta arrancar el frío,

la escarcha,

el duelo.

 

Bésame hasta que no quede nada.

Hasta que se mueran las ganas.

deaquialaeternidadEva López Álvarez