Ginebra [anécdotas – microrrelatos]

La vida de Ginebra se resolvió en los segundos que se deshacen esperando que el semáforo cambiase a verde.

Mi alma lleva toda la vida en rojo – pensó. Mi piel, en rojo permanente. Ningún verde, ámbar siquiera, frente a uno solo de mis deseos…

Contaré los segundos que me separan del verde. Y, cuando el semáfofo [tirano] me empuje a dar un paso pondré mi alma, mi piel y mis deseos en verde…

Al parecer, el conductor del coche que abría la espera efímera y eterna de cuantos le seguían, todavía tenía su corazón en verde; no pisó el freno; ni siquiera deceleró; decidió que ese fuese el último paso de Ginebra…

semaforo