Mis manos,
las que no pueden tocarte,
encierran un manojo de nubes
[vapor de lágrimas lloradas en negro
en el lagrimal de las ausencias]

Cubren ropajes tatuados con nuestras calles,
las que jamás andamos juntos,
mis tobillos en los que anudo las huellas de tus pasos,
el empeine en que escribo tu nombre con la tinta invisible de mis esperas,
los muslos,
desnudos de mentiras.
mi vientre, preñado de los cuentos que habrán de ser nuestros.
Eva López Álvarez

Catrin Welz-Stein1