La vida nos hace coleccionistas.
Siempre.
Aun sin saberlo; sin reparar en ello; sin ser conscientes…

Coleccionamos segundos, minutos, horas, días, meses, años; respiraciones [inspiraciones hirientes a veces, expiraciones corrompidas de cansancio]; miradas, retinas, fotogramas; coleccionamos desayunos, comidas, cenas, digestiones; coleccionamos besos, caricias, tacto; coleccionamos soledades, abandonos, noches estériles otras veces; coleccionamos luces, sombras; realidades; coleccionamos adoquines de las aceras que separan nuestro origen de nuestro destino diario (tantas veces repetido).

Coleccionamos páginas leídas que nos arañaron por dentro, que configuraron parte de nuestras emociones, que alimentaron alguno de nuestros sueños, que arrancaron mas de una lágrima; coleccionamos lágrimas también [traslúcidas como el desconsuelo; negras como las soledades]; coleccionamos sonrisas: sonrisas espontáneas, forzadas, diáfanas, expuestas, delatoras, invasoras, seductoras, afiladas; coleccionamos ayeres [cóncavos o convexos a expensas de nuestra memoria, cruel o misericordiosa en según qué ocasiones]; coleccionamos decepciones; desilusiones; desengaños; desarraigos; desasosiegos; desconsuelos; demasiados.

Coleccionamos versos que tatuaron la piel de nuestros huesos, la piel de nuestras almas, la piel de nuestros besos [los que nunca dimos]; coleccionamos tikets de la compra que nos recuerdan que estamos vivos, que comemos, que bebemos, que nos aseamos, que nos perfumamos, que fregamos y limpiamos y barremos el polvo de nuestras huellas vitales; coleccionamos películas; canciones; coleccionamos anuncios de televisión que atan nuestras infancias a un bote de cacao o al aroma de una margarina; coleccionamos sueños impuestos por las comedias románticas.

Coleccionamos palabras; palabras pronunciadas por el corazón; palabras dictadas por la razón; palabras susurradas por la piel incandescente; palabras que te vuelven mejor; palabras que te definen; palabras que huelen a pan o palabras afiladas como astillas de hielo; palabras gritadas por las entrañas; palabras jeroglífico deletreadas por nuestras manos esquivas frente a según quién; palabras morfina; palabras letales; palabras emponzoñadas; palabras desnudas; mentirosas; sinceras; palabras diminutas que ensanchan en alma o grandilocuentes términos que entornan los ojos del alma; palabras mudas, elocuentes, borrosas; palabras puerta; palabras ventana; palabras reja; palabras grillete, cadena, espino. Palabras distantes, palabras distancia. Palabras amor, amante, amado; palabras víscera; palabras de papel, de hormigón o de acero. Palabras café.

Coleccionamos silencios; silencios voluntarios, necesarios, oportunos. Silencios que matan, silencios abisales; silencios mortales. Silencios huecos; silencios silencio; pero también silencios preñados de palabras caudal, palabras torrente…

Coleccionamos cortes de pelo; coleccionamos modas: vaqueros de campana; jeans slim; coleccionamos tacones [cubanos, cuadrados, de aguja, rectos, hacia dentro, hacia afuera]; coleccionamos americanas de cuadros, de raya diplomática, lisas e inmaculadas como las tardes de invierno; coleccionamos corbatas [anchas o estrechas; con estridentes dibujos o simetrías absurdas que retan al azar sin éxito alguno]; coleccionamos collares: pequeños y finitos, salvajes y osados; livianos o pesados; románticos o góticos.

Coleccionamos pasos de baile que reprimimos a cada paso que andamos con mesura por las aceras grises, por el asfalto negro, por la sobria tarima, por el gres resbaladizo como el mañana, por el terrazo moteado de piedras como nuestros corazones de golpes…

Coleccionamos recuerdos; coleccionamos mentiras; coleccionamos verdades como puños; coleccionamos botones que cayeron de nuestras camisas, chaquetas, pantalones [los guardamos como si abrochasen, sujetasen, fijasen las canas que asoman a la adolescencia que vestía aquel botón]

Coleccionamos conocidos; a unos los queremos, nos importan, nos duelen sus duelos, nos sangran sus heridas, nos abren ampollas sus fracasos; a otros los admiramos; incluso a algunos los apartaríamos de nuestro lado. Coleccionamos vecinos a los que saludamos de distinto modo sólo mirando las ropas que exhiben sus cuerdas de tender en los delatores patios de luces. Coleccionamos profesores que nos marcaron, nos condicionaron, nos apoyaron o nos hicieron dudar; coleccionamos saludos.

Coleccionamos olvidos. Olvidos voluntarios [supervivencia en estado puro]. Olvidos oportunos, condicionados, forzados, inducidos. Olvidos espontáneos; olvidos atroces a manos del tiempo que roba neuronas que confunde dendritas y axones que anula jirones de nosotros. Olvidos terapéuticos. Olvidos misericordiosos.

Coleccionamos mañanas. Los que soñamos cada noche. Los mañanas que nos gustaría vivir, los que finalmente no suelen poblar las agendas futuras.

Si… somos coleccionistas…
La vida nos hace coleccionistas.
Siempre.
Aun sin saberlo; sin reparar en ello; sin ser conscientes…

Coleccionamos amaneceres y…

hay quien colecciona atardeceres; y eso es magia porque un atardecer encierra tantos matices, tantos colores, tantas evocaciones que encierra un mañana, un olvido, un rostro, un recuerdo, un paso de baile, mas de una palabra y, sin duda, muchos versos….

Eva López Álvarez

 

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Los años nuevos son mágicos. Parecieran todos iguales, si; pura falacia eso del cambio, pura invención eso de una suerte de renacimiento. Y así es… te pasas la vida sin discriminar entre lo acontecido, sentido y vivido el 31 de diciembre y lo acontecido, sentido y vivido el 1 de enero.

“Electroemociograma” plano.

Y, de repente, un año todo es distinto.

Llega el uno de enero y se derrumban tus cimientos. Se rompen. Se caen. Tu suelo se resquebraja como una hoja de otoño cuando la pisas… Las paredes que te daban cobijo te dejan desnudo, aterido del frío que arrastran las palabras heladas y el techo se extingue dejándote ver lo pequeño que eres…

Y lo lloras todo. Lloras a raudales. Lloras a espuertas. Lloras a gritos. Lloras a mares preñados de hieles antiguas.
Y lo lloras todo.

Seca la última lágrima comprendes eso del año nuevo…

Yo creía que era el tiempo que había vivido.
Los besos que había dado.
Los abrazos que me apuntalaron.
Los versos que ya pintaban mi alma.
Las palabras aprendidas; las palabras escuchadas.
Las manos que tatuaban la memoria de mi piel.
Los pasos que dibujaban el mapa de mis amaneceres.

Pero no…

Soy el tiempo que me queda por vivir.
Los besos que aún no he dado.
Los abrazos que habrán de apuntalarme.
Los versos que cambiarán el color de mi alma.
Las palabras que todavía no he escuchado…
Las manos que aún no son parte del archivo histórico de mi vida.
Los pasos por caminar, los que dibujarán nuevos cartogramas.

Pura potencia…

Eva López Álvarez

 

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Que mi alma fuera océano, mar abisal preñado de palabras desconocidas…

que brotaran con alas y se posaran en la cornisa que adorna la comisura de tu boca;
que fueran rama, cobijo, nido para el desconsuelo mudo que escucho en la distancia;
ser barro; palabras de barro para que moldees tus sueños;
almohada; palabras almohada para cuando el insomnio se asome a tus noches;
que la pluma líquida hiciese cosquillas en la piel de tu alma,
que escribiese tres puntos suspensivos cuando pareciera huir el deseo,
que el suelo arenoso de ese océano mar fuese el tope de tus soledades,
que algunas de esas palabras dibujaran nubes inundadas de alquimia…

Océano; mar preñado de palabras desconocidas… que mi alma fuese tu playa…

Eva López Álvarez

 

amor es lapalabra

 

Que no te quede una sola palabra por decir[me]
[por susurrar al oído
por gritar a los cuatro vientos]
que nada ponga freno a un verso…
que jamás se enrede en el olvido
que no lo engullan los silencios.

Que no se enquiste una sola palabra en la comisura de la boca,
que no te atragante al son de las campanadas que anuncian otro enero
[un nuevo principio]

Regala[me] las que te sobran,
lánzalas: metralla emocional;
déjate volar
suelta las amarras implacables de la palabra que te pesa en el alma…

Eva López Álvarez

 

mis-palabras

 

 

 

Toda la vida cabe en un segundo.
Empápame el alma, amor, de todo el aliento que cabe en este segundo;

de todo el amor que cabe en ese segundo;

del tiempo quieto que cabe en este segundo; eterno.

Empápame la piel, amor, de todo el tacto que cabe en este segundo; de todo el deseo, urgente, que cabe en este segundo.

Empápame los silencios, amor, de todas las palabras que caben en este segundo;

de todos los versos que caben en este segundo.

Empápame los ayeres; destierra los mañanas en este segundo que ya muere, amor.

Eva López Álvarez

 

post9

Susúrrame palabras.

Busca el extremo del ovillo de palabras que desencripta el reverso de mi piel.

Y dale la vuelta.

 

Susúrrame las palabras.

Las que abren las puertas de mi boca,

férreo custodio de los versos que guardo;

eterna espera…

 

Susúrrame silencios.

Los que guardan la llave de mi casa;

[mis manos, pared;

mis piernas, cimientos;

mi vientre, colchón]

 

Eva López Álvarez

 

pajaros

 

Sin nada que soñar;

                      sin nada que sudar

                                           [rendidas las palabras].

 

Seca la savia

       rotas las venas

              madera en el alma

                       óxido en las puntas de los dedos

                               invierno en la colcha

                                                      [desnuda de arrugas]

                               vapor de hielo en los cristales

                                                       [invierno en la estancia].

 

 

Espaldas frente a frente

                            [duelo de silencios]

               ayeres punzantes enredados a los pies de la cama.

 

Huellas de otoños estancos

mariposas exiliadas del estómago;

 

nudos huérfanos de un extremo

                                     [huído de la mano de promesas que suenan a cantos de sirena]

 

 

                                                                                       Eva López Álvarez

 

hojas