Bésame bajo la piel;

hazle el amor a mi llanto;

susúrrale a mis silencios…

 

Hay tormenta en mis entrañas.

 

Lluéveme,

amor,

que estoy seca…

 

Eva López Álvarez

 

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Me faltaron los brazos
                   [los abrazos].

Recrea mi alma un abrazo infinito;
                               nudo irresoluble de ganas y esperas;
                               maraña indivisible de manos vivas.

Invisible mi cuerpo en medio de un abrazo;
olvidado el frío;
desterrado el olvido.

Emborronar los límites:
                         del cuerpo,
                               del alma;
                         tripas,
                                ojos;
                         manos;
                                huellas;
                         huesos;
                                carne.

Cruzar la frontera;
            regalarme entera.

Me faltaron los brazos
                   [los abrazos].

Recrea mi alma un abrazo infinito
                         que me empuja a desandar la mañana y abandonarme a la noche,
                                                              [germen de ilusiones; rotas a la luz del día]

 

                                                                                                     Eva López Álvarez

 

 

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Se me enredan las ideas en el invierno;
           se enmarañaron mis horas en el otoño.

Hielo de enero en un marzo incipiente que cuartea mi piel
                                                             como el olvido hizo añicos la memoria.

Huelen a frío las manos
                     desnudas de tacto.

Me sabe la lluvia a abrazos;
raíces de papel sustentan mis piernas
                                          [escarchadas de silencios].

                                                                                    Eva López Álvarez

 

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La vida nos hace coleccionistas.
Siempre.
Aun sin saberlo; sin reparar en ello; sin ser conscientes…

Coleccionamos segundos, minutos, horas, días, meses, años; respiraciones [inspiraciones hirientes a veces, expiraciones corrompidas de cansancio]; miradas, retinas, fotogramas; coleccionamos desayunos, comidas, cenas, digestiones; coleccionamos besos, caricias, tacto; coleccionamos soledades, abandonos, noches estériles otras veces; coleccionamos luces, sombras; realidades; coleccionamos adoquines de las aceras que separan nuestro origen de nuestro destino diario (tantas veces repetido).

Coleccionamos páginas leídas que nos arañaron por dentro, que configuraron parte de nuestras emociones, que alimentaron alguno de nuestros sueños, que arrancaron mas de una lágrima; coleccionamos lágrimas también [traslúcidas como el desconsuelo; negras como las soledades]; coleccionamos sonrisas: sonrisas espontáneas, forzadas, diáfanas, expuestas, delatoras, invasoras, seductoras, afiladas; coleccionamos ayeres [cóncavos o convexos a expensas de nuestra memoria, cruel o misericordiosa en según qué ocasiones]; coleccionamos decepciones; desilusiones; desengaños; desarraigos; desasosiegos; desconsuelos; demasiados.

Coleccionamos versos que tatuaron la piel de nuestros huesos, la piel de nuestras almas, la piel de nuestros besos [los que nunca dimos]; coleccionamos tikets de la compra que nos recuerdan que estamos vivos, que comemos, que bebemos, que nos aseamos, que nos perfumamos, que fregamos y limpiamos y barremos el polvo de nuestras huellas vitales; coleccionamos películas; canciones; coleccionamos anuncios de televisión que atan nuestras infancias a un bote de cacao o al aroma de una margarina; coleccionamos sueños impuestos por las comedias románticas.

Coleccionamos palabras; palabras pronunciadas por el corazón; palabras dictadas por la razón; palabras susurradas por la piel incandescente; palabras que te vuelven mejor; palabras que te definen; palabras que huelen a pan o palabras afiladas como astillas de hielo; palabras gritadas por las entrañas; palabras jeroglífico deletreadas por nuestras manos esquivas frente a según quién; palabras morfina; palabras letales; palabras emponzoñadas; palabras desnudas; mentirosas; sinceras; palabras diminutas que ensanchan en alma o grandilocuentes términos que entornan los ojos del alma; palabras mudas, elocuentes, borrosas; palabras puerta; palabras ventana; palabras reja; palabras grillete, cadena, espino. Palabras distantes, palabras distancia. Palabras amor, amante, amado; palabras víscera; palabras de papel, de hormigón o de acero. Palabras café.

Coleccionamos silencios; silencios voluntarios, necesarios, oportunos. Silencios que matan, silencios abisales; silencios mortales. Silencios huecos; silencios silencio; pero también silencios preñados de palabras caudal, palabras torrente…

Coleccionamos cortes de pelo; coleccionamos modas: vaqueros de campana; jeans slim; coleccionamos tacones [cubanos, cuadrados, de aguja, rectos, hacia dentro, hacia afuera]; coleccionamos americanas de cuadros, de raya diplomática, lisas e inmaculadas como las tardes de invierno; coleccionamos corbatas [anchas o estrechas; con estridentes dibujos o simetrías absurdas que retan al azar sin éxito alguno]; coleccionamos collares: pequeños y finitos, salvajes y osados; livianos o pesados; románticos o góticos.

Coleccionamos pasos de baile que reprimimos a cada paso que andamos con mesura por las aceras grises, por el asfalto negro, por la sobria tarima, por el gres resbaladizo como el mañana, por el terrazo moteado de piedras como nuestros corazones de golpes…

Coleccionamos recuerdos; coleccionamos mentiras; coleccionamos verdades como puños; coleccionamos botones que cayeron de nuestras camisas, chaquetas, pantalones [los guardamos como si abrochasen, sujetasen, fijasen las canas que asoman a la adolescencia que vestía aquel botón]

Coleccionamos conocidos; a unos los queremos, nos importan, nos duelen sus duelos, nos sangran sus heridas, nos abren ampollas sus fracasos; a otros los admiramos; incluso a algunos los apartaríamos de nuestro lado. Coleccionamos vecinos a los que saludamos de distinto modo sólo mirando las ropas que exhiben sus cuerdas de tender en los delatores patios de luces. Coleccionamos profesores que nos marcaron, nos condicionaron, nos apoyaron o nos hicieron dudar; coleccionamos saludos.

Coleccionamos olvidos. Olvidos voluntarios [supervivencia en estado puro]. Olvidos oportunos, condicionados, forzados, inducidos. Olvidos espontáneos; olvidos atroces a manos del tiempo que roba neuronas que confunde dendritas y axones que anula jirones de nosotros. Olvidos terapéuticos. Olvidos misericordiosos.

Coleccionamos mañanas. Los que soñamos cada noche. Los mañanas que nos gustaría vivir, los que finalmente no suelen poblar las agendas futuras.

Si… somos coleccionistas…
La vida nos hace coleccionistas.
Siempre.
Aun sin saberlo; sin reparar en ello; sin ser conscientes…

Coleccionamos amaneceres y…

hay quien colecciona atardeceres; y eso es magia porque un atardecer encierra tantos matices, tantos colores, tantas evocaciones que encierra un mañana, un olvido, un rostro, un recuerdo, un paso de baile, mas de una palabra y, sin duda, muchos versos….

Eva López Álvarez

 

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Un día.

           Uno cualquiera.

                                    No huele distinto. No sabe distinto. No tiene un color distinto.

Solo es un día.

                      Uno cualquiera.

                                              Uno mas.

Te rompen el amor; a la cara…

                                                        Te escupe el presente las promesas que el pasado tatuó en futuro en tu piel.

Y descubres,

                     entonces,

                                     solo entonces,

                                                                los arrabales de tu alma.

Anexos;  alejados de esas calles por las que solías transitar dentro de ti. Las emociones a las que acostumbrabas. Las palabras en las que te reconocías. Descubres un apéndice de ese alma tuya, muerta, en que resuenan palabras lejanas  que parecieran acariciar tu silencio en ruinas. Los restos del naufragio, ese naufragio, en que solo hubo un superviviente; pero no fuiste tú.

Los arrabales de tu alma…

Llueve en las afueras de mi alma. Lo hermoso es descubrir que todavía puede sentir. Cada gota.

        Caudal vivo en tus arterias olvidadas….

                                                                                                                                    Eva López Álvarez

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Que explote cada burbuja de pasado a tu contacto;
al tacto de tu boca;
al sabor de tus palabras…

Que tu retina diluya la pólvora preñada del gris de las aceras,
que me regale el color de tus silencios
un eco cargado de violetas…

Que tu piel invada de huellas y
siempre de células,
torne epitelio
cada milímetro del plástico [muerto] que hoy es mi carne.

Eva López Álvarez

 

memoria

Pisar sin dejar huella alguna;

                      como llenar el alma de aire

                                            [todavía más hueca cuando expiras]

 

Andar sin que nadie te vea;

                      como tener que mirarte al espejo para encontrar unos ojos que te miren…

 

Responderte tu mismo las preguntas;

                    escupirte tu mismo a la cara los chorros punzantes de realidad…

 

Cubrirte la piel invisible,

              mecer tu propio desvelo,

              hablarte en voz alta para romper el silencio invasor,

              reescribir tu memoria para no morir en el intento.

 

                                                                                           Eva López Álvarez

 

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